En la calma de un desayuno de domingo

BURKINA [J'ADORE]

Hace unos años, mi maestro Ángel García Muñoz y yo invitamos a un periodista a fumar con nosotros para una sección que hacíamos para la revista que era, básicamente, un personaje y un cigarro. Era un periodista no demasiado conocido, pero muy brillante, con una de esas cabezas que dan envidia, porque uno las ve procesar datos en binario a miles de megahertzios por segundo. Era joven, buen profesional y, al parecer, amante de los habanos.

Y también era un tipo afortunado: ese día tocaba nada menos que Cohiba Sublime, Edición Limitada de 2004 (VG Sublime. 164 mm x 54).

La cosa empezó bien, pero aún no habíamos terminado el primer tercio del Cohiba cuando el joven periodista empezó a mostrarse inquieto: miraba su reloj cada treinta segundos como si quisiera acelerar el tiempo, un gesto inútil cuando se trata de un habano como quedó claro en “Un habano para…

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