Informe impactante: fumar podría proteger los pulmones del cáncer

Un artículo imprescindible para conocer la verdad.

Some governments are covering up their direct responsibilities for causing most lung and skin cancers in the world today by blaming smoking.

Por: Grayson Black, abril 4 2017.

 

Cada año, miles de médicos y otros miembros de la “Inquisición Antitabaco” gastan miles de millones de dólares perpetuando lo que sin lugar a dudas se ha convertido en la estafa de ingeniería social más engañosa pero exitosa de la historia. Con el estímulo de la mayoría de los gobiernos occidentales, estos cabilderos orwellianos persiguen a los fumadores con un celo fanático que eclipsa completamente el ridículo fracaso estadounidense de la prohibición del alcohol, que comenzó en 1919 y duró hasta 1933.

Hoy en día recordamos la Ley Seca americana con un asombro justificable. ¿Es cierto que una nación entera permitió que un pequeño grupo de pandereteros fanáticos les prohibiese tomar una cerveza o un whisky? Lamentablemente, así fue, a pesar de la falta total de pruebas de que el alcohol causase daño alguno a los seres humanos, a menos que se consuma en cantidades verdaderamente astronómicas.

Aunque no existe un vínculo directo entre el alcohol y el tabaco, la historia de la prohibición estadounidense es importante porque nos ayuda a entender cómo un pequeño número de fanáticos logró controlar el comportamiento y la vida de decenas de millones de personas. Hoy en día exactamente lo mismo está sucediendo a los fumadores a manos de fanáticos del gobierno y médicos ignorantes.

Algunos gobiernos saben que sus acciones pasadas son directamente responsables de causar la mayoría de los cánceres de pulmón y piel en el mundo de hoy, por lo que llegan al extremo tratando de desviar su responsabilidad y, por tanto, la responsabilidad financiera, lejos de sí mismos y hacia el inocuo tabaco orgánico. Como veremos más adelante en el informe, el humilde tabaco orgánico nunca ha lastimado a nadie y, de cierta manera, puede justificadamente afirmarse que proporciona una protección de la salud sorprendente.

No todos los gobiernos de todo el mundo comparten el mismo problema. Japón y Grecia tienen el mayor número de fumadores adultos de cigarrillos en el mundo, pero la menor incidencia de cáncer de pulmón. En contraste directo con esto, EEUU, Australia, Rusia y algunos grupos de islas del Pacífico Sur tienen el menor número de fumadores adultos de cigarrillos en el mundo, pero la mayor incidencia de cáncer de pulmón. Esta es la clave número uno en desentrañar la absurda pero arraigada mentira médica occidental de que “fumar causa cáncer de pulmón”.

El primer contacto europeo con el tabaco fue en 1492, cuando Colón y su compañero explorador Rodriguo de Jerez vieron a los nativos fumando en Cuba. Ese mismo día, de Jerez tomó su primera bocanada y la encontró muy relajante, tal como los locales le habían asegurado que sería. Esta fue una ocasión importante, porque Rodriguo de Jerez descubrió lo que los cubanos y nativos americanos habían conocido durante muchos siglos: el fumar cigarros y cigarrillos no sólo es relajante, sino que también cura la tos y otras dolencias menores. Cuando volvió a casa, Rodriguo de Jerez encendió con orgullo un cigarro en la calle y fue arrestado y encarcelado durante tres años por la horrorizada Inquisición española. De Jerez se convirtió así en la primera víctima de los grupos de presión anti-tabaco.

En menos de un siglo, fumar se convirtió en un hábito social muy apreciado y aceptado en toda Europa, con miles de toneladas de tabaco importado de las colonias para satisfacer la creciente demanda. Un número creciente de escritores elogió el tabaco como un remedio universal para los males de la humanidad. A principios del siglo XX casi una de cada dos personas fumaba, pero la incidencia de cáncer de pulmón se mantuvo tan baja que era casi imposible de medir. Entonces ocurrió algo extraordinario el 16 de julio de 1945: un aterrador evento cataclísmico que eventualmente haría que los gobiernos occidentales distorsionaran la percepción de fumar para siempre. Como recuerda K. Greisen:

“Cuando la intensidad de la luz disminuyó, me quité las gafas y miré hacia la torre directamente. En ese momento, noté un color azul que rodeaba la nube de humo. Entonces alguien gritó que debíamos observar la onda de choque que viajaba a lo largo del suelo. Tenía la apariencia de un área circular brillantemente iluminada, cerca del suelo, que se extendía lentamente hacia nosotros. El color era amarillo.”

“La permanencia de la nube de humo fue una cosa que me sorprendió. Después de la primera explosión rápida, la parte inferior de la nube parecía asumir una forma fija y quedarse inmóvil en el aire. La parte superior, mientras tanto, siguió aumentando, de modo que al cabo de unos minutos tenía al menos ocho kilómetros de altura. Asumió lentamente una forma de zigzag debido a la variación de la velocidad del viento a diferentes altitudes. El humo había atravesado una nube nada más ascender y parecía no verse afectado por la nube.”

 

 

 

Este fue el famoso “Trinity Test”, el primer arma nuclear sucia que se detonó en la atmósfera. Una esfera de seis kilos de plutonio, comprimida hasta la supercríticalidad por lentes explosivos, Trinity explotó sobre Nuevo México con una fuerza igual a aproximadamente 20.000 toneladas de TNT. En cuestión de segundos, miles de millones de partículas radiactivas mortales fueron inyectadas en la atmósfera a una altitud de nueve kilómetros, donde las corrientes de chorro de alta velocidad podían distribuirlas por todas partes.

El gobierno americano sabía sobre la radiación por adelantado, era plenamente consciente de sus efectos letales sobre los seres humanos, pero sin rodeos ordenó la prueba con un completo desprecio por la salud y el bienestar. Por ley, esto fue negligencia culpable del máximo orden, pero al gobierno americano no le importó. Tarde o temprano, de un modo u otro, encontrarían otro culpable de los efectos a largo plazo sufridos por los estadounidenses y otros ciudadanos en áreas locales y más remotas.

Si una única partícula radiactiva de lluvia radiactiva cae sobre tu piel en la playa, tendrás cáncer de piel. Inhala una sola partícula del mismo fango letal, y la muerte por cáncer de pulmón se convierte en inevitable, a menos que seas un fumador de cigarrillos excepcionalmente afortunado. La partícula radiactiva microscópica sólida se entierra profundamente en el tejido pulmonar, abruma completamente las reservas limitadas del cuerpo de la vitamina B17 y causa una proliferación incontrolable de células desenfrenadas.

¿Cómo podemos estar absolutamente seguros de que las partículas radiactivas causan cáncer de pulmón cada vez que un sujeto es internamente expuesto? Para los científicos reales, a diferencia de los charlatanes médicos y propagandistas del gobierno, esto no es un problema. Para que cualquier teoría sea aceptada científicamente, primero debe probarse de acuerdo con los rigurosos requisitos universalmente acordados por los científicos. En primer lugar, el agente sospechoso radioactivo debe ser identificado, luego se utiliza en experimentos de laboratorio debidamente controlados para producir el resultado alegado, es decir, el cáncer de pulmón en los mamíferos.

Los científicos han sacrificado despiadadamente decenas de miles de ratones y ratas de esta manera a lo largo de los años, sometiendo sus pulmones a la materia radiactiva. Los resultados científicos documentados de estos diversos experimentos son idénticos. Cada ratón o rata obedientemente contrae cáncer de pulmón, y cada ratón o rata después muere. La teoría se convierte así en un duro hecho científico bajo condiciones de laboratorio rigurosamente controladas. El agente sospechoso [materia radiactiva] causó el resultado alegado [cáncer de pulmón] cuando los mamíferos lo inhalan.

La magnitud general del riesgo de cáncer de pulmón para los seres humanos por las lluvias radiactivas atmosféricas no se puede exagerar. Antes de que Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos prohibieran las pruebas atmosféricas el 5 de agosto de 1963, más de 4.200 kilogramos de plutonio habían sido descargados a la atmósfera. Debido a que sabemos que menos de un microgramo de plutonio inhalado causa cáncer pulmonar terminal en un ser humano, sabemos por lo tanto que tu amistoso gobierno ha inyectado 4.200.000.000 de dosis letales en la atmósfera, -cuya vida media es como mínimo 50.000 años. ¿Aterrador? Desafortunadamente la cosa es aún peor.

El plutonio mencionado anteriormente existe en el arma nuclear real antes de la detonación, pero con mucho el mayor número de partículas radiactivas mortales son las derivadas de la suciedad común o la arena aspiradas desde el suelo, que fueron irradiadas mientras ascendían a través de la bola de fuego producida por el arma.  Estas partículas forman con mucho la mayor parte del “humo” en cualquier foto de una detonación nuclear atmosférica. En la mayoría de los casos varias toneladas de material son aspiradas y permanentemente irradiadas en tránsito, pero seamos increíblemente conservadores y afirmemos que sólo 1.000 kilogramos de material superficial son absorbidos por cada prueba nuclear atmosférica individual.

Antes de ser prohibido por Rusia, Gran Bretaña y EEUU, Se realizaron un total de 711 ensayos nucleares atmosféricos, con lo que se generaron 711.000 kilogramos de partículas radiactivas microscópicas mortales, a las que hay que sumar los 4.200 kilogramos originales de las propias armas, por un total bruto, aunque muy conservador, de 715.200 kilogramos. Hay más de un millón de dosis letales por kilogramo, lo que significa que nuestros gobiernos han contaminado nuestra atmósfera con más de 715.000.000.000 de [715 mil millones] de dosis, suficientes para causar cáncer de pulmón o de piel 117 veces en cada hombre, mujer y niño en la Tierra.

Antes de que lo preguntes, no, las partículas radiactivas no “desaparecen” simplemente, al menos no en tu vida o la de tus hijos y nietos. Con una vida media de 50.000 años o más, estos innumerables miles de millones de partículas radiactivas mortales fabricadas por el gobierno están esencialmente contigo para siempre. Circuladas en todo el mundo por potentes corrientes de chorro, estas partículas se depositan al azar, aunque en concentraciones más altas dentro de unos cuatro mil kilómetros de radio de los lugares de prueba originales. Un simple viento u otra perturbación de la superficie es todo lo que se necesita para revolverlos de nuevo y crear mayores peligros para aquellos en las inmediaciones.

La que fuera una inocente actividad, jugar con la arena de la playa en verano,  puede convertirse fácilmente en suicidio hoy en día si te sucede que remueves por casualidad algunas de las partículas radiactivas que podrían pegarse a tu piel o ser inhaladas por tus pulmones.

Doce años después del cataclísmico Trinity Test, se hizo evidente para los gobiernos occidentales que las cosas se estaban saliendo completamente fuera de control, cuando el Informe del Consejo Británico de Investigación Médica concluyó que “las muertes mundiales por cáncer de pulmón se han más que duplicado durante el período 1945 a 1955”, aunque no se ofreció ninguna explicación.

Durante el mismo período de diez años, las muertes por cáncer en la proximidad inmediata de Hiroshima y Nagasaki se multiplicaron por tres. Al final de las pruebas atmosféricas oficiales en 1963, la incidencia del cáncer de pulmón en las islas del Pacífico se había multiplicado por cinco desde 1945. Habiendo jodido vuestro medioambiente por completo para los próximos 50.000 años, había llegado el momento de que el “Gran Gobierno” iniciase una maniobra masiva de distracción.

¿Cómo se podría demostrar que la gente se está causando a sí misma cáncer de pulmón, es decir,  hacerlos culpables de una lesión autoinfligida por la cual el gobierno nunca podría ser culpado o demandado? La única sustancia obvia que las personas inhalaban en sus pulmones, aparte del aire, era el humo del tabaco, por lo que el gobierno imprimió su sello. Los “investigadores” médicos poco cualificados se encontraron de repente abrumados con subvenciones gubernamentales masivas dirigidas a lograr el mismo resultado final : “Demostrar que fumar causa cáncer de pulmón”. Los verdaderos científicos (especialmente algunos físicos nucleares notables) sonrieron sombríamente ante los primeros esfuerzos patéticos del incipiente lobby anti-tabaco y los atrajeron a la más mortífera trampa de todos. Los investigadores cuasi médicos fueron invitados a probar sus afirmaciones falsas bajo exactamente las mismas reglas científicas rígidas que se utilizaron al demostrar que las partículas radiactivas causan cáncer de pulmón en los mamíferos.

Recuerda, para que cualquier teoría se acepte científicamente, primero debe probarse de acuerdo a rigurosos requisitos universalmente acordados por los científicos. Primero se debe aislar el agente sospechoso (humo de tabaco), luego se utiliza en experimentos de laboratorio debidamente controlados para producir el resultado reivindicado, es decir, cáncer de pulmón en mamíferos. A pesar de exponer literalmente decenas de miles de ratones y ratas especialmente vulnerables al equivalente de 200 cigarrillos por día durante años, la “ciencia médica” nunca ha conseguido inducir cáncer de pulmón en ningún ratón o rata. Sí, lo has leído correctamente. Por más de cuarenta años, cientos de miles de médicos han estado mintiéndole deliberadamente.

Los verdaderos científicos tenían los investigadores cuasi-médicos por la garganta, porque “emparejando” el experimento de partículas radiactivas mortales con el experimento benigno de humo de tabaco, probaron de manera concluyente para siempre que el fumar no puede en ninguna circunstancia causar cáncer de pulmón. Además, en un gran experimento “accidental” que nunca se les permitió publicar, los verdaderos científicos demostraron con una claridad sorprendente que el fumar realmente ayuda a proteger contra el cáncer de pulmón.

Todos los ratones y ratas se usan una sola vez en un experimento específico, y luego son destruidos. De esta manera, los investigadores se aseguran que los resultados de cualquier sustancia que estén probando no puedan ser “contaminados” accidentalmente por los efectos reales o imaginados de otra sustancia. Entonces, un día, como por arte de magia, unos cuantos miles de ratones del experimento de fumar “accidentalmente” encontraron su camino hacia el experimento de partículas radiactivas, que en el pasado había matado a cada uno de sus desafortunados sujetos de prueba. Pero esta vez, completamente en contra de las probabilidades, el sesenta por ciento de los ratones fumadores sobrevivieron a la exposición a las partículas radiactivas. La única variable era su exposición previa a copiosas cantidades de humo de tabaco.

La presión gubernamental se puso inmediatamente en marcha y los hechos fueron suprimidos, pero esto no silenció completamente a los verdaderos científicos. El profesor Schrauzer, presidente de la Asociación Internacional de Químicos Bio-inorgánicos, declaró ante un comité del Congreso de los Estados Unidos en 1982 que los científicos sabían desde hace mucho tiempo que ciertos componentes del humo del tabaco actúan como anticancerígenos (agentes anticancerosos) en animales de ensayo. Él continuó diciendo que cuando los carcinógenos conocidos (sustancias que causan cáncer) se aplican a los animales, la aplicación de los componentes del humo del cigarrillo los contrarresta.

El profesor Schrauzer no se detuvo ahí. Además testificó bajo juramento al comité que “no se ha demostrado que ningún ingrediente del humo de cigarrillo cause cáncer de pulmón humano”, añadiendo que “nadie ha sido capaz de producir cáncer de pulmón en animales de laboratorio por fumar”. Fue una respuesta clara a un problema bastante desconcertante. Si el gobierno bloquea la publicación de tu artículo científico, ¡toma la ruta alternativa y pon los hechos esenciales por escrito en el registro del Congreso!

Como era de esperar, esta dura verdad llevó al gobierno y a los “investigadores” cuasi médicos a un frenesí de rabia. Hacia 1982 ya habían comenzado a creer en su propia propaganda ridícula, y iban a dejarse silenciar por eminentes miembros del establishment científico. De repente asignaron la culpa a otros ingredientes “secretos” puestos en los cigarrillos por las compañías tabacaleras. “¡Sí, eso debe ser!”, Clamaron ansiosamente, hasta que un puñado de científicos se puso al teléfono y señaló que estos mismos ingredientes “secretos” habían sido incluidos en los experimentos con ratones, y por lo tanto también se habían demostrado como incapaces de causar pulmón.

Las cosas parecían desesperadas para el gobierno y la comunidad médica en general. Desde que la financiación antitabaco había comenzado a principios de los años sesenta, decenas de miles de médicos habían pasado por la escuela de medicina, donde se les había enseñado que fumar causa cáncer de pulmón. La mayoría creía en la mentira, pero las grietas comenzaban a aparecer en la pintura. Incluso los más mediocres de los médicos no lograban realmente correlacionar los datos, y cuando preguntaron la causa se les dijo que no hicieran preguntas estúpidas. “Fumar causa cáncer de pulmón” se convirtió en un credo, un mecanismo de creencias casi religioso donde la fe ciega se convirtió en sustituto de la prueba.

Incluso la fe ciega necesita un sistema de refuerzo positivo, que en este caso fueron las agencias de publicidad y los medios de comunicación. De repente, las pantallas de televisión se inundaron con imágenes de “pulmones de fumador” terriblemente ennegrecidos, con el mantra de acompañamiento de que morirás en horrible agonía si no dejas de fumar ahora. Todo era basura patética, por supuesto. En la losa mortuoria los pulmones de un fumador y no fumador tienen un color rosa idéntico, y la única manera en que un patólogo forense puede decir que podría haber sido un fumador, es si encuentra manchas de nicotina en los dedos, un paquete de Camel o Marlboro en el bolsillo de su abrigo, o si uno de sus familiares imprudentemente admite en el expediente que una vez fumó la hierba del demonio.

¿Los pulmones negros? De un minero de carbón, que a lo largo de su vida laboral respiró copiosas cantidades de partículas microscópicas de polvo de carbón negro. Al igual que las partículas radiactivas, quedan atrapados en el tejido de los pulmones y permanecer allí para siempre.

Muchas personas preguntan exactamente cómo es que los ratones fumadores fueron protegidos de las partículas radiactivas mortales, y aún más se preguntan por qué las cifras reales hoy en día están mostrando que muchos más no fumadores mueren de cáncer de pulmón que los fumadores.  El profesor Sterling de la Universidad Simon Fraser en Canadá es quizás quien se acerca más a la verdad, donde utiliza documentos de investigación para razonar que fumar promueve la formación de una fina capa mucosa en los pulmones, “que forma una capa protectora que detiene a las partículas portadoras de cáncer y las impide entrar en el tejido pulmonar “.

Esto es probablemente lo más cerca que podemos llegar a la verdad en la actualidad, y tiene un sentido científico perfecto. Las partículas radiactivas mortales inhaladas por un fumador serían inicialmente atrapadas por la capa mucosa, y luego ser expulsadas del cuerpo antes de que pudieran entrar en el tejido.

Todo esto puede ser un poco deprimente para los no fumadores, pero probablemente hay una o dos cosas que puede hacer para minimizar los riesgos en la medida de lo posible. En lugar de alejarse de los fumadores en su pub o club local, acércate lo más cerca que puedas y respira su costoso humo de segunda mano. Vamos, no seas tímido, haz un par de inhalaciones gigantes. O tal vez podrías fumar un cigarrillo o un cigarro pequeño después de cada comida, sólo tres al día para construir una delgada barrera de mucosa. Si no puedes o no quieres hacerlo, ¡considera la posibilidad de comprar una máscara quirúrgica!


Artículo original: SHOCKING REPORT: Smoking May Protect Lungs From Cancer

 

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Esta entrada fue publicada en "Humo de segunda mano", Cáncer, la palabra mágica, Contra la ley antitabaco, La Física es un placer. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Informe impactante: fumar podría proteger los pulmones del cáncer

  1. Aeneas dijo:

    Hola Lecroix.

    Me voy a desviar del tema de este hilo para traerte un artículo que es casi una obra maestra:

    http://www.vozpopuli.com/opinion/analisis/Activismo-Ideologias-Violencia_de_Genero-Okupacion-Animalistas-Democracia-Kathleen_Bawn-Elecciones_26J-ideologia_0_920607995.html

    Es increible. Habla de como las minorías fundamentalistas, bien organizadas y, sobre todo, bien subvencionadas, puede imponerse sobre la mayoría y como los partidos han decidido dejar la política de masas y el bien común para centrarse en satisfacer a esos grupos. Aunque no habla explícitamente sobre los fundamentalistas antitabaco, perfectamente la descripción que hace sobre la tiranía de los activistas les viene como anillo al dedo. De hecho juraría que alguno de los que escribió el artículo estaba pensando en ello.

    Te lo pongo por si quieres publicarlo o algo.

    Un saludo.

    Le gusta a 2 personas

    • Lecroix dijo:

      Muchas gracias Aeneas. Encaja muy bien con un artículo que tengo en la recámara, en el que se expresa más o menos lo mismo.

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    • Deckard dijo:

      Muy acertado el artículo, concuerda con lo que llevo pensando hace tiempo: que son las minorías las que se están saliendo con la suya últimamente, y los políticos cada vez las miman más, excepto a la minoría que representamos nosotros: las personas que fuman, pero nosotros somos una minoría muy amplia: somos millones, la lástima es que no somos activistas, ni nos vemos como grupo de presión…todavía, si esto cambiara, como dice el artículo, podríamos conseguir mucho.

      Le gusta a 1 persona

  2. ramrock dijo:

    Reblogueó esto en Ramrock's Blog.

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