Fuego, camina conmigo

Volverse incomunicado, es más difícil de lo que parece. Aún con mala conexión a la red, el mundo sigue queriendo imponerse a nuestros pensamientos individuales.

Escogí ayer la palabra “incomunicado” porque sé que es una palabra española que se usa en inglés y llama mucho la atención. Es un viejo chiste en el mundo de habla inglesa el no saber deletrear o pronunciar la palabra. Es una palaba muy culta, en ese idioma.

Veámos qué cuenta el Diccionario Oxford:

Definition of incommunicado in English:

incommunicado

 adjective

Not able, wanting, or allowed to communicate with other people.

‘they were separated and detained incommunicado’

Origin

Mid 19th century: from Spanish incomunicado, past participle of incomunicar ‘deprive of communication’.

Pronunciation

incommunicado

/ˌɪnkəmjuːnɪˈkɑːdəʊ/

Es una palabra que mola mucho en inglés. Tan culta, tan imposible de pronunciar o deletrear…

Para los que hablamos español es sin embargo una palabra bien sencilla y bien obvia.

Estas cosas pasan, al cambiar de un idioma a otro. Lo sencillo parece complicado, lo complicado sencillo. Depende de quién habla y de quién escucha.

Creo que nunca he escuchado a tantos gorriones vociferar como desde que estoy aquí. Y puedo entender sus mensajes sencillos atronadores.

“Hola estoy aquí. Hola yo también. Bueno vale pero este sitio es mío. No, porque yo digo hola más alto que tú. No es cierto porque las hembras me prestan más atención a mi. Ya quisieras, ¿tú me has oído? Yo digo “chirp” mucho más alto y más veces que tú. Los cojones lo dices, echa un vistazo a mi pechillo y verás que lo tengo mucho más grande y negro que el tuyo. Aquí mando yo”.

¡Chirp!

Y bueno, estando incomunicado he logado ver mejor el bosque que los árboles no me dejaban ver.

Mi pechillo ha perdido color. Mi canto ha perdido fuerza.

Y no soy el único.

Las estadísticas de los hombres europeos,  de clase media, de mediana edad, en occidente, son demoledoras. Han perdido su trabajo, su familia, su dignidad, su hombría…

Demoledoras son las cifras de sus suicidios de los que nadie habla.

“Las mujeres también se suicidan, estamos en un mal momento”

No Milagros, no aceptaré de nuevo una equidistancia falsa que esconde la verdad.

Ha sido por diseño, a propósito, que nos han perseguido especialmente a unos, aunque ya se que a vosotras también. Pero lo que han hecho con nosotros los hombres…es un crimen de lesa humanidad.

¿Crees que no los leo, Milagros? ¿Crees que no oigo como se apagan sus trinos?

Los leo en muchos cuadernos y en muchas páginas de Facebook. Se están muriendo y a nadie le importa. Peor aún, ni ellos saben muchas veces por qué les pasa lo que les pasa.

¿Por qué perdí mi vida? ¿Qué hice mal?  ¿Por qué no tengo trabajo? ¿Por qué no me dejan ver a mi hijo? ¿Por qué ella sigue viviendo en la casa que yo pago,  en nuestra cama, si fue ella la que traicionó?

Y podría escribirte 20 poemas más  de no amor y alguna que otra canción desesperada, Milagros. Bien se yo que en tu ordenada vida, no se ven estas cosas.

“Yo veo montones de parejas felices, mucha gente con niños. Todo el mundo tiene pareja”

Te lo dije y te lo repetiré: estás viendo lo que quieres ver. En esto, eres como un antitabaco:

Yo veo los bares llenos, todo está como siempre”.

Pero no es verdad.

No se ven los dueños arruinados. Ni se ve a la persona, que como yo, decidió no volver a un bar. No se nos ve. ¿No lo entiendes? Solo se ve lo que ha sobrevivido. No se ve a los caídos.

Y todo parece normal.

Pero las cifras son las que son. Y yo, que ahora presto mucha atención, veo cada cartel de “se traspasa” y oye, que casualidad, era un local que no podía tener terraza.

Y veo a los hombres  de mediana edad, educados, preparados, con experiencia, salud y ganas, ganas como las de un soldado terco, valiente y generoso…los veo languidecer. Sin rumbo, a la deriva, a flote pero sin propósito, muertos en vida.

Y yo se, Milagros, que nada de esto es casualidad.

Te diré, Milagros, que cientos de miles, quizás millones, de hombres españoles trabajaron, cotizaron, se portaron bien, no hicieron trampas, no robaron, no engañaron, cumplieron y aún querrían seguir cumpliendo.

Pero ya lo les dejan.

Les han enterrado en vida. NOS, han enterrado en vida.

Y ahora, si quieres, háblame de nuevo del patriarcado. O de nuestra mala educación porque abrimos las piernas en el metro para que nuestros recalentados huevos aún respiren.

Nos han dividido tanto a todos, tantísimo, que unos y otros vemos bien que se queme a Pepito o a Juanito en la hoguera. Tú sí, tú no.

Tú mereces todo. Tú no mereces nada.

El mundo está en llamas. Para unos, más que para otros.

Ven, camina conmigo. Comprende por fin que no fuimos nosotros los que iniciamos el fuego.

 

 

 

 

 

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Esta entrada fue publicada en "Progresismo", Actualidad España, Contra la ley antitabaco, Decadencia de Occidente, Expulsado del mundo. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Fuego, camina conmigo

  1. Mirentxu dijo:

    Si Lecroix. El mundo está mal, mal. La gente vive mas, pero ¿VIVE mas?
    No te creas que a las mujeres nos va mejor, excepto eso de quedarse con el piso y los nenes.
    Las mujeres no pueden ser mujeres ni vivir como mujeres, aunque les dejen el piso y los nenes. Nenes que no pueden atender porque tienen que ir a un trabajo a “realizarse”. No saben cuando empezaron a andar, ni cuando dijeron por primera vez “mamá”. Todo se lo quedó la “tante” de la guardería. Y cuando se han realizado y vuelven al “piso” que quitaron al marido, de malas formas y de mal humor, meten al niño (mas de uno no se pude) en la cama o le plantan delante del televisor y tienen que seguir trabajando. No solo en el piso. También para no quedarse atrás en el trabajo y que se lo quite otro.
    Y los hombres ya no le ayudan ni le dejan el sitio en el autobús ni le invitan en el restaurante, ni trabajan para ella. Ni tiene derecho a alegrarse porque le dicen por la calle un piropo bonito que la hace sentirse mas segura de si misma, mas contenta. Los piropos están prohibidos.
    Los hombres han dejado de ser hombres, también para las mujeres. Son “gente”. Las mujeres necesitamos hombres, igual que los hombres necesitan mujeres. No necesitamos “gente”.

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  2. ramrock dijo:

    Reblogueó esto en Ramrock's Blog.

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