Pirámides de papel maché

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Feynman junto a la Princesa de Suecia, Ceremonia de los Premios Nobel 1965.

“Estudia mucho lo que sea de interés para ti y hazlo de la forma mas indisciplinada, irreverente y original posible”

Richard P. Feynman, Premio Nobel de Física 1965, el más irreverente de los genios de la Física del siglo XX.

Ahora hablaré un poco de Feynman, por lo que si no os interesa mucho, podéis saltar el resto de la entrada. Es que hoy no me apetece hablar del nuevo director hiper-antitabaco de la FDA nombrado por Trump. O de la incultura pomposa de algunos de la “generación mejor preparada” de España. O de la desfachatez de… Ná, que paso.

Feynman fue uno los grandes genios de la física del siglo XX (esa sí que era una generación preparada), pero no es muy conocido, a pesar de que sus trabajos sobre la Electrodinámica Cuántica sentaron las bases de los límites y posibilidades alcanzables en el mundo de la electrónica, omnipresente hoy en día.  Sin la luz de la brillante Física teórica de Feynman, los ingenieros habrían perdido casi todo su tiempo dando palos de ciego, sin saber realmente lo que se podía llegar a hacer y sin comprender realmente como funcionarían sus creaciones.

Feynman fue también quien descubrió la causa verdadera de la catástrofe del transbordador espacial Challenger. Y lo hizo de esa manera que me gusta tanto a mi: sin hacer ni p*to caso a nadie, sin respetar nada más que al Método Científico y sin reconocer más autoridad que la de la verdadera Ciencia. No le interesaron ni las opiniones de los “expertos”, ni las visitas guiadas que le ofrecían los jefazos burócratas de la NASA, ni las toneladas de papeles que “demostraban” la perfección y seguridad del transbordador. Cuando la Comisión de Investigación oficial iba por un lado, en rebaño, Feynman iba por el otro, en solitario.

Y lo que hizo fue ir a hablar con los ingenieros a pie de planta y con su personal. Se fue a hablar con los que de veras aprietan las tuercas y los tornillos de la máquina. Y ellos tenían una versión muy diferente a la que ofrecía la NASA… Feynman escuchó las quejas y preocupaciones de los hombres pequeños, que los hombres de despacho habían ignorado. Y ahí, estaba la clave de la muerte de 8 personas y la destrucción de la máquina más compleja que la Humanidad había creado hasta la fecha.

Una simple junta tórica de goma fue la causa de todo. No estaba diseñada para trabajar a muy bajas temperaturas. El día del despegue, hacia mucho frío en Cabo Cañaveral. El personal de la empresa fabricante recordó a la NASA que la pieza podría resentirse con tanto frío. Recomendaron cancelar el despegue. Los burócratas y los “expertos” de la NASA no hicieron caso. Había prisa por mantener el ritmo de lanzamientos y además a bordo iba una profesora (primer civil en una nave espacial) que daría clase desde el espacio y hablaría con niños y con el presidente Ronald Reagan en directo, todo ello muy bueno para las “relaciones públicas” y la “buena imagen”.

La nave se desintegró a los pocos segundos del despegue, al fallar la junta que contenía los gases hipercalientes del motor, ante la mirada incrédula y aterrorizada de los padres de la profesora.

¿Por qué os cuento este rollo tan triste?

Creo que porque es ahí donde se empezó a notar que las cosas se estaban torciendo en Occidente. La vieja NASA, la de los tiempos gloriosos, había puesto 12 hombres sobre la Luna y los había traído sanos y salvos. Logró rescatar a los del Apollo 13 incluso, contra todo pronóstico, en un brillante despliegue de genialidad, nervio y saber hacer.

Pero la nueva NASA empezaba a parecerse al Egipto decadente, donde ya no se construían las pirámides como antes. En la nueva NASA había mas hubris y menos genialidad, más mediocre chupatintas al mando que hombres inteligentes y trabajadores con regla de cálculo y llave inglesa en los puestos decisivos.

Feynman denunció todo esto. Y la NASA prometió corregir las cosas. Pero en 2003 el transbordador Columbia también resultó destruido, al regresar del espacio, falleciendo todos los astronautas.

Feynman no llegó a ver esta segunda confirmación de sus denuncias. Murió en 1988, dejando muchos escritos y entrevistas en los que avisaba del peligro de la cargo cult science, la ciencia que no es ciencia pero se disfraza de ciencia. Y citaba específicamente a los modelos climáticos por ordenador, a las “tecnologías verdes” o al burócrata disfrazado de hombre de ciencia.

Nos avisó, en definitiva, de los peligros de la mediocridad y del pensamiento de manada, todo ello en detrimento del valor del individuo, de la genialidad y el talento del individuo.

Al igual que la NASA, nuestra sociedad no ha escuchado tampoco.

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Esta entrada fue publicada en Contra la ley antitabaco, Decadencia de Occidente, El Nuevo Orden Mundial, La Física es un placer. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Pirámides de papel maché

  1. ramrock dijo:

    Reblogueó esto en Ramrock's Blog.

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