Noche triste

Vamos a reproducir una vieja entrada, con un viejo video. Observaréis que en el video, a pesar de que todos los protagonistas son indígenas nativos de Alaska, está presente la Cruz de Cristo. Y cabría preguntarse por qué, ¿verdad?

Hace tiempo escribí:

El mar de Bering en Alaska. No es fácil encontrar un mar más traicionero o más frío. Hace solo unos pocos siglos, navegantes españoles, en casi cáscaras de nuez, sin motores ni GPS, sin radio y sin electricidad, se enfrentaron a él. Tras de sí dejaron sus genes, sus costumbres, su cultura y muchos nombres sobre la geografía que hoy es parte de Alaska: Islas de Alberto, Bahía de Quevedo, Bahía de Torres, Bocas de Almirante, Isla La Desgraciada, Isla San Felipe, Islas Gallegas, Islas Ladrones, Punta San Sebastián, Punta de San Felipe, Canal de Nuestra Señora del Carmen, Bahía de Córdoba, Punta Núñez…y mil más. ¿Por qué no se habla de esto en las escuelas?

Tuve una asignatura de “hogar” en la escuela cuando era niño. Me dijeron que era mejor que estudiar religión y me enseñaron a bordar un cojín.

Hubiese preferido que me enseñasen estas gestas, las de entonces y las de antes aún.

Alaska, a medida que te acercas al Círculo Polar Ártico, es un lugar duro. Sigue siéndolo incluso 500 años después de que los españoles dejasen allí nombres y genes. Y ya no es solo el frío extremo o la Naturaleza inmisericorde. Es también la falta de sol.

Cuando me comentaron que en España se quiere cambiar el horario oficial, me pregunté el porqué. Tengo tendencia a hacer eso hoy en día.

Y al pensar en España, los cambios de horario y las horas de sol, pensé en Alaska, la vieja Alaska que un día fue, también, Española.

El horario “franquista” y los vuelos más tristes

Me comenta Deckard en una entrada anterior que se pretende cambiar el horario oficial de España. Si he entendido bien, tal cambio tendría como consecuencia que los españoles dispondrían de menos horas de luz solar para sus actividades.

Y según me acaban de comentar, al parecer hay un elemento “antifranquista” (¿?¿¿¡¡!!) en tal pretensión. Al parecer el horario oficial de España es…¡franquista!  Y por tanto el “progresismo” desea cambiarlo.

Ignoro la parte “franquista” o no del tema, pero si la consecuencia de cambiar la hora son menos horas de luz útiles, sí tengo algo que decir al respecto.

Y esto es lo que le contesté a Deckard:

“No es broma lo que dices de la relación entre las horas de luz y las depresiones (y los suicidios). Es algo bien conocido en Alaska, donde durante meses tienen muy pocas horas de luz o ninguna, según la latitud. Al fenómeno se le llama “cabin fever” y alude al malestar mental que ocasiona el estar encerrado durante horas y horas de oscuridad, en casa. Ciertas poblaciones tienen los más altos indices de suicidio del mundo. Es tan extremo el problema y tan extrema la Naturaleza que les rodea, que algunas poblaciones tienen Ley Seca. El alcohol está prohibido. Nadie quiere arriesgarse a que por una borrachera a alguien le de por volar el depósito de combustible del pueblo, del que dependen todos para sobrevivir al invierno (lógicamente, en esas zonas aisladas toda la electricidad se produce con generadores locales alimentados por combustible). Sabes q no me gustan las prohibiciones, pero vivir en esos sitios no es para cualquiera. Es duro.

Por todo esto, no me extrañaría q la maniobra que mencionas tenga por objeto destinarnos a estar más encerrados, más debiles y más “empastillados..”. En resumen, menos revolucionarios.”

Recuerdo una frase que oí a una señora de la alta montaña asturiana: “En la ciudad vivís encerrados, como el ganado”.

No quisiera yo que por un cambio horario, justificado por una causa “antifranquista”, nos convirtiésemos en más “ganado” aún de lo que ya somos.

Os dejo con el vídeo que inspira mi contestación al estupendo comentario de Deckard. Refleja una de las realidades de la Alaska más profunda, en la que por ley (ecologismo “progre” de nuevo) no se pueden construir carreteras a partir del paralelo nosecuantos.

No hay carreteras en la Alaska rural ártica. Todo transporte, de personas o abastecimientos, hacia o entre los pequeños pueblos, se hace con avionetas (o con motos de nieve, por la nieve, cruzando inmensas y peligrosas distancias, donde abundan los osos polares, que no temen al Hombre). Y las avionetas raramente pueden volar en invierno.

Estos pueblos tienen los más altos índices de suicidio. Por la falta de luz. Frecuentemente las avionetas transportan a quienes no pudieron aguantar más la oscuridad. O a sus familiares, para asistir al funeral. Son sus vuelos mas tristes.

 

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Esta entrada fue publicada en EEUU y España o viceversa, Historia, Historia de España, Youtube. Guarda el enlace permanente.

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