¿Cerrar el año?

De nuevo una entrada algo personal, cosa que me dicen (y se) no es lo más adecuado.

Hoy seguí un consejo. Quizás no el más adecuado, pero tampoco el más inadecuado.

Oh, la música de piano… Hay tántas cosas que están “above my paygrade”.

La expresión significa mucho más que lo que literalmente significa. Escojo la parte que significa: “hay tantas cosa que yo no entiendo”…

Tomé el consejo, con el ala rota, sangrante,  y la pu*a barbita que me pueda hacer interesante. Y la camiseta sudada. Y el vaso y dos hielos.

Creo imposible que diciembre, en cifras, sea mejor que lo ha sido noviembre. Digo en visitas y tal que ha recibido el blog cuaderno. Todo el año ha sido un crecimiento espectacular.

¿Me tomo un descanso, on the rocks?

Cuánto me recuerda esta situación a Turquía, en la fábrica perdida en la nada, protegida por ametralladoras .50 cal.

El bar, el edificio, de oficiales, de importantes. Siempre desierto salvo en ocasiones especiales. Pero siempre, mantenido por los de siempre.

A mi me gustaba visitar el local, cuando no había nadie. Cuando tras los grandes ventanales solo estaba el Mar de Mármara y los cormoranes en cuatro islillas, secando la herramienta de sus alas al sol, antes de la siguiente pesca.

Y yo entraba y hasta hacían eco mis pasos, tan vacío estaba el enorme hueco de edificio.

Me sentaba y comenzaba a escribir. Mucho más tarde, llegaba alguien a preguntarme si quería algo. En turco, en inglés, ya daba lo mismo. Nos entendíamos.

“Me gustaría tomar un guisqui”.

“Y me gustaría algo de música”.

Y ambas cosas acababan llegando, tarde y mal, pero llegaban. El camarero, o lo que fuese, entre curioso y divertido, me ponía mi guisqui. Y hacía sonar en los altavoces del inmenso local, cosas que me gustasen. Majo mulsulmán, majo.

Para cuando yo pedia ya el cuarto guisqui (todo era gratis, parte de mi contrato con la fábrica), entre hoja y hoja de mi novela, el buen señor alucinaba.

“¿Vas a tomar otro?”

Pues claro que lo tomaré, Vedat Bey, Sigorta Adam, hombre de los fusibles y la electricidad.  Claro que quiero otro guisqui. Estoy creando.

Y sonreía. Mientras me salpicaba con los hielos. Porque por más que se lo expliqué en mi turco execrable, no me hacía ni caso en mi gusto occidental por el alcohol…“primero los hielos, Vedat, luego el guisqui”.

Ni caso. Me tiraba los hielos en el vaso lleno de alcohol como el que los tira hacia el infierno y no quiere que el infierno le salpique.

Bastaba con que me salpicase a mi.

Y al final se hacía de noche. Entre mis escritos, el alcohol, mi tabaco turco. Y mi turco Vedat, sonriente y majo, pero siempre juez dejaba entrever que…beber alcohol, es de infieles.

Lo se Vedat. Bien que lo se.

Pero fuiste amable.

Y yo creé cosas. Y nunca tambaleante, tras mi sexto guisqui que me salpicabas con hielo, Vedat, subía monte arriba al nido del águila. Mi nido.

Es raro, hermano turco Vedat, pero al final, me gustaba más mi nido allí, que mi nido aquí. A veces, al menos…

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Anochecer en el Mar de Mármara

Recuerdo pensar, subiendo monte desértico arriba, que aunque he viajado, nunca me alejé demasiado de la misma latitud de siempre. Aprox, 42º Norte.

….

Creo que igual sí, igual cierro el año ya.

Diciembre no será mejor que el espectacular resto del año, para este modesto cuaderno.

Quintuplicadas las cifras de visitas…blablabla.

No era mala música, abstemio hermano turco.

 

Esta entrada fue publicada en Contra la ley antitabaco, Los diarios de Turquía. Guarda el enlace permanente.

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