Acorralados

Cada vez que socializo un poco, me llegan más historias de hombres de mediana edad que han caído víctima de la “discriminación positiva” que el “progresismo” ha impuesto en nuestra sociedad.

Ayer, la historia de Pepito y de Juanito.

Pepito se ha separado. Bueno, le han separado. La mujer se echó novio(s) y decidió que quería libertad. Bueno, la libertad y la casa y el coche y la pasta y la custodia… Pero oigan, resulta que la culpa es de él, porque tras la separación se le ha visto bebiendo mucho y tirando los tejos por ahí.

Me puedo imaginar perfectamente su estado de desesperación, frustración e impotencia. Y puedo imaginarle queriendo recuperar su hombría, su orgullo como hombre, intentando atraer a alguna fémina.

Quizás Pepito no sabe que las mujeres, al igual que los animales, saben detectar la inseguridad y la desesperación. Y cuando detectan tales cosas, uno no se come un colín. Y por cada intento fallido, más inseguro se sentirá Pepito y más fallará en sus intentos. Y si no logra sobreponerse, acabará, como tantísimos que he visto ya, destruido en el fondo de una botella y contando en cada borrachera, cómo la hija de tal esa le destruyó y se lo quitó todo.

El caso de Juanito es algo más “moderno”. No se ha separado, sigue casado. Pero a Juanito lo echaron de su importante trabajo, tras muchos años de hacer las cosas bien. Y seguramente lo sustituyeron por una mujer que venía con ventajas fiscales para el empleador. Total, que Juanito se quedó en casa atendiendo los pañales. Y lo va a tener crudo para conseguir un importante trabajo de nuevo. Quizás ya se ha rendido.

Puedo imaginar a una feminista encantada con la situación. “Que se jo*a, antes eran las mujeres las esclavizadas en casa y los maridos por ahí poniendo los cuernos. ¡Ahora nos toca a nosotras!”

Quizás se olvida la feminista de todos los hombres que hicieron las cosas bien, antes y ahora, y que son los que verdaderamente están pagando los platos rotos de toda esta guerra hombre/mujer que ha montado el “progresismo”. O que estar en casa, no es estar esclavizada (ni esclavizado).

Esta semana fui al médico, por una tendinitis. Mientras esperaba, contemplaba el trasiego de pacientes y médicos por las diversas puertas. No me sorprendió nada ver que, de todos los médicos del centro, solo uno era hombre. Y de las enfermeras, ninguno.

Así es el “progresismo”. No le bastaba con la igualdad, con que hombre y mujer pudieran acceder a las mismas cosas, en razonable igualdad de condiciones. No. Había que ir más allá, mucho más allá: casi todos los hombres estarán en casa y los que no, estarán solos. Y casi todas las mujeres trabajarán. Y además la ley las favorecerá a ellas en todo. Y además se seguirá protestando insistiendo una y otra vez en la falsedad de que es la mujer la discriminada, que le pagan menos, que los hombres son malisimos y egoistas y malos padres.

Lo mismo pasó con el tabaco, claro. No bastaba con que hubiese locales en los que se fuma y locales en los que no. No. Había que prohibirlo en todos. Y luego decir que los que fuman son malísimos y egoístas y asesinos.

El “progresismo”, no comprende ni nunca comprenderá el término medio. Solo entiende de extremos.

Y nos deja al final, a todos y a todas, acorralados.

 

Esta entrada fue publicada en "Progresismo", Contra la ley antitabaco, Feminismo. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Acorralados

  1. Agustin Sanz dijo:

    Si Lecroix, el modernismo lo que ha hecho es ponerlo todo patasarriba, creando odio y separación.
    La premisa “mima y sube a este para que todos le odien y además dale un puesto de trabajo en el que no esté para nada a gusto y por el que tenga que renunciar a lo que verdaderamente quiere” es una forma de actuar diabólica. ES lo que se ha hecho entre los hombres y las mujeres. Ahora todos odiando a todos, siendo odiados por todos y haciendo lo que no le sale de…..(donde quieras)
    Ambos: Hombres y mujeres.
    Y cuanto mas enemistad menos se habla de otros problemas y mas se traga uno el anzuelo de todo lo que nos embuchan también en otros ámbitos.
    ¡Y vengan inmigrantes, y abajo la economía, y que nos coman la merienda los de fuera! Cuando estas sumido en problemas domesticos de órdago, ni te finas en esas cosas.
    Y como además no puedes fumar, no vas al bar a desahogarte con los amigos (que tampoco van)
    ¿Y de verdead no crees en el Diablo?

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  2. Lecroix dijo:

    Uy, disculpa el voto negativo, Agustín. Estoy con la tableta y apunte mal🙂. Estoy de acuerdo contigo en todo. Incluida la segunda parte del cuento, que es que dividiendo a los de casa se favorece a los que vienen de fuera en masa. No puedo probar que el Diablo existe. Pero puedo probar q hay personas endiabladas empeñadas en destruirnos. Lo cuento cada día en este cuaderno…

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  3. Deckard dijo:

    Lo malo es que ni comprenden el término medio ni comprenden lo que significa la palabra “igualdad”, porque para ellos igualdad es sinónimo de discriminación positiva. Es evidente que sí saben lo que es la igualdad, pero se aprovechan de toda esta parafernalia montada, las mujeres afectadas directamente, aunque saben que es injusto piensan ¿por qué voy a renunciar a estos privilegios que se me dan gratis?, sería de tontos; y los no afectados directamente, pero que luchan por la igualdad de las mujeres tambien saben que este sistema es injusto, pero creen que el fin justifica los medios, o justifican estas injusticias para “compensar” siglos de ventajas hacia el hombre, pero igualdad, ninguna, y justicia, tampoco, el máximo exponente son las listas cremallera obligatorias por ley en partidos políticos, sindicatos, creo que hasta quieren imponerlas en empresas:hombre-mujer.hombre-mujer, etc.
    Da igual que de 100 puestos disponibles haya 60 mujeres más preparadas, o 60 hombres, no, tiene que ser al 50%.
    El otro día me enviaron las notas de corte necesarias para aprobar la oposición que yo superé hace unos años. En todas las comunidades había una reserva para discapacitados, las notas de corte eran más o menos así:(sobre 100 puntos)
    Andalucía: 80 Reserva discapacitados 70
    Canarias:78 ” 67
    Galicia: 82 ” 71
    etc.
    Hace años los discapacitados sí estaban en inferioridad de condiciones, un ciego, por ejemplo, si no le facilitan el examen en Braille, simplemente no podía hacerlo, eso se corrigió, pero no se contentaron con eso. De unas 40.000 personas que se presentan, quizás unas 400 sean discapacitadas, corrigieron la injusticia hacia 400 personas para ser injustos con 39.600, es más, son injustos con toda la sociedad, porque no obtiene el puesto el mejor preparado, que es el que mejor nota obtiene,(¿dónde vamos por ese camino como especie, si sigue adelante el menos preparado?) eso sí, a los que no somos discapacitados nos hacen partirnos los cuernos a estudiar para competir entre nosotros.
    Una cosa es facilitar al discapacitado el acceso a la oposición en igualdad de condiciones, como dice la constitución, y otra exigirle una nota inferior al resto sólo por ser discapacitado, eso, para mí es inconstitucional, no existe la igualdad ante la ley.
    Creo que si yo fuera discapacitado me daría vergüenza que me regalaran puntos sólo por serlo, como a un mendigo, se supone que mi mente no es discapacitada, ¿no?
    En las bases de todas las oposiciones se dice que se convocan sobre los principios de mérito, capacidad, etc. no es cierto, la meritocracia ha desaparecido.
    Y vemos ejemplos de este tipo, en los que se discrimina positivamente a las minorías (excepto a los fumadores, claro) por todas partes y nadie dice nada, y al que lo dice lo tachan de facha o nazi o extrema derecha, cuando es todo lo contrario, es defender la igualdad de verdad, no su concepto de igualdad.

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    • Lecroix dijo:

      Deckad, creo q tu comentario es muy importante e ilustrativo, ademas de estar escrito con un talante abierto y amigable. Me gustariá convertirlo en una entrada, a titular “Acorralados II” si te parece bien.

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    • Aeneas dijo:

      Básicamente hemos pasado de la “igualdad ante la ley” a la “igualdad mediante ley”.

      Tengo poco más que añadir a tu comentario, está muy bien explicado. Lo peor es que este tipo de políticas fomentan todo lo contrario a lo que dicen combatir: el hecho de que las mujeres (por poner al colectivo más “apoyado”) sean favorecidas con la discriminación les hace que sigan estando en esa inferioridad, una inferioridad cómoda pero inferioridad al fin y al cabo. A los ojos de sus compañeros siempre las verán como inútiles a las que le han regalado el puesto, cosa que también podría ser injusto ya que muchas mujeres sí lo valen pero la naturaleza de este tipo de leyes hace que se generalice y el (supuesto) problema se haga crónico. Lo cual siempre he pensado que esa es la idea: el objetivo no es arreglar el problema, sino que la “lucha” contra el “problema” siga estando porque ahí es donde está el verdadero negocio: observatorios, insitutos de la mujer y demás mamandurrias. Con el tabaco pasa igual; quieren que sigamos fumando porque somos muy rentables: pagamos (o pagábamos😄 ) muchos impuestos para llenarle las arcas a esos ladrones, las nuevas leyes contra nosotros crean nuevas multas y se ahorran nuestras pensiones, y luego toda la panda de parásitos agarrados cual garrapata las mamandurrias (como la sinvergüenza de Raquel o Rubén). Ya sabéis que con la última ley se aumentaron los lugares de venta.

      LO RENTABLE NO ES LA SOLUCIÓN, LO RENTABLE ES EL “PROBLEMA”.

      Por otra parte me he acordado de la película American History X de como la discriminación positiva (en esta película iba sobre el racismo) a veces crea el efecto contrario. Para no alargarme más, para quien haya visto la película, le recuerdo la escena en la que sale el padre de los protagonistas quejándose de como en su unidad de bomberos le han dado el puestos a 2 negros por discriminación positiva lo que crea un malestar en los jóvenes.

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      • Lecroix dijo:

        LO RENTABLE NO ES LA SOLUCIÓN, LO RENTABLE ES EL “PROBLEMA”.

        Sin duda sin duda sin duda. Y ando meditando una entrada sobre eso.

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  4. Agustin Sanz dijo:

    Completamente de acuerdo, Deckard. Es algo que yo ya había observado con indignación.
    Y, como en el caso de las mujeres, los discapacitados también cargan con la pena de ser mal vistos por los “capacitados” y aquellos que verdaderamente han sacado la oposición por sus propios y mejores conocimientos, quedan a la vista de todos como que las han sacado por “discapacitados” y que no lo merecían. Como en el caso de la discriminación con las mujeres, el daño se hace a las dos partes.

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