El cuaderno de bitácora y Cristina

No tenía pensado escribir nada hoy. Me apetecía descansar y olvidarme de este cuaderno.

Logré cumplirlo hasta ahora mismo, que me he puesto a leer y corregir entradas. Y a borrar algunas. Y a restaurar otras.

Isaac Asimov, el prolífico escritor del que hablo a veces, decía que él no tenía que corregir nada. Escribía directamente y lo escrito estaba listo para ir a la imprenta, sin mayores correcciones. Me pregunto si pensaría igual si su exitosa carrera hubiese transcurrido en la era digital, donde un texto tiene tantas posibilidades de convertirse en viral y dar la vuelta al mundo, como de desaparecer mañana porque la página ha sido borrada.

Y pensando en Asimov, la era digital y todo eso, luego pensé en Stephen King, que me gusta aunque no tanto como Asimov.

King solía incluir en los capítulos de sus libros, letras de canciones. Me pareció que lo hacía porque a veces una historia escrita en palabras, necesita una banda sonora en la mente.

¿No sería estupendo poder escribir y acompañar las palabras del libro, con música?, pensaba yo al leerle. ¿No sería genial indicarle al lector qué música es la adecuada para leer un texto?

Siempre he asociado mis libros favoritos con una música. Casi cada libro que me gusta, tiene su música en mi mente. Ah, si se pudiera incluir música, audio y video en un texto…esa, esa sería la forma perfecta de contar una historia…

Y pasaron las décadas y yo seguí pensando en que a mi, me gustaría escribir de esa manera. Con más que palabras.

Sin darme cuenta, mi instrumento deseado, mi forma de escribir idónea, ya está aquí.

Y no me he dado cuenta hasta hoy, al leer las entradas de este cuaderno, que la llevo usando hace meses.

Escribo por fin, como siempre quise escribir. Lo que pasa es que quizás me paso. He engordado como 10 kg sentado en esta silla, en los últimos meses. He descuidado el deporte. Y algunas otras cosas importantes. Y no diré que he descuidado lo social, porque eso ya lo hacía antes también.

Me decía un lector que escribir aquí, sobre los temas que se tratan aquí, debería ser una forma de autoayuda. Me decía que siga escribiendo, pero como forma de ayudarme a mi mismo. Recordé entonces un consejo de un par de ilusionistas escépticos liberales famosos: Penn and Teller. El consejo más o menos era este:

Imagina que estás en un avión y hay una despresurización de la cabina. Caen las máscaras de oxígeno. Desmayarse y quizás morir, si no coges esa máscara y te la pones, es cuestión de segundos. Y la cosa es, que si no te pones tú la máscara primero, no podrás ayudar a ningún otro pasajero. Tu primera reacción ha de ser salvarte a ti. Porque si no te ayudas a ti, difícilmente podrás ayudar a nadie…

Interesante reflexión.

Christine nació en Detroit. Ella es un Plymouth Fury de 1957. Chistine es sólida, pesada y fortísima. Está hecha de metal de verdad y no de plástico como los coches de ahora. Christine es extraordinariamente bella. Y Christine es mala, muy mala. Mala hasta el tuétano.  Pero nadie te amará más que ella, si tú la amas. Ella solo es mala con los que son malos con ella…

Oh sí, se me olvidaba, Christine es además inmortal. Ella no puede morir.

Christine, mi libro favorito de Stephen King. Que incluye banda sonora.

No se si os he comentado que me gustan mucho las máquinas😉

Christine servirá de autoayuda esta noche. Porque yo se que ella me ama.

Esta entrada fue publicada en Contra la ley antitabaco, El que resiste, gana, Las máquinas, Youtube. Guarda el enlace permanente.

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