El eslabón (no) perdido

Creo que a veces se produce una confusión terrible con esto de la edad y las “nuevas tecnologías”.

De alguna manera extraña, entre los jóvenes y no tan jóvenes, se piensa que toda persona “mayor” no entiende de Internet o teléfonos móviles. Se piensa que hay un abismo que separa a los “nuevos” de los “viejos”.

Una vez más, es otro truco del NOM, fomentando la división, la fractura, el enfrentamiento.

Pretende el NOM meter en la cabeza de los más jóvenes, que su generación, cultísima de cerebro digital y veloz de pulgares whattsappeadores, no puede ser comprendida por los más mayores. Y viceversa claro. “Ná, soy un viejo que no entiende la diferencia entre un correo electrónico y un mensaje de Snapchat”.

Si hay problemas en el mundo, todo tiene que ser culpa de los viejos, que no entienden nada del mundo nuevo digital, ¿verdad?

¡Falso!

Falso, malditamente falso como un duro de madera. O como un euro de madera, que ambas palabras tienen casi las misma letras y al paso que vamos ya casi son equivalentes en poder adquisitivo.

Jóvenes, adolescentes y no tanto, escuchad:  los anteriores a vosotros, crecimos entre máquinas electrónicas. Nuestro cerebro, nuestros pulgares y el resto de los dedos, se entrenaron bien con los Spectrum, los Commodore y los IBM. Y poco después, ya teníamos en las manos teléfonos Motorola. Y Nintendos.

¿Pero acaso pensábais que nosotros no nos haríamos viejos también? ¿Acaso pensáis que vosotros no envejeceréis?

Y viejos, personas ya más mayores de verdad, ancianos…¿quién ha dicho que ser viejo es dejar de aprender? Fuisteis vosotros quienes nos compraron todas las maquinitas. Y leísteis los folletos explicativos con nosotros. Os rascásteis un poco la cabeza, como pensando “oño, vaya cosas más complicadas”. Pero entendísteis lo suficiente como para enseñarnos a nosotros a entender aún más.

El mundo electrónico, es tan vuestro como de los jóvenes. Y como de nosotros, los menos jóvenes pero aún no ancianos.

La electrónica no nos divide. No consintáis esa falsedad que se nos vende.

No hay abismo. No hay eslabón perdido.

Siempre hemos estado aquí. Somos los hijos de los que nos enseñaron a manejar máquinas electrónicas. Somos los que las usamos. Y somos los que compraron nuevas máquinas aún mas potentes, para los nuevos niños.

Es una línea continua, la electrónica. No es una fractura.

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