El “sistema” contra la mujer

 

Me he encontrado este estupendo artículo (https://casadenuestropadre.wordpress.com/371-2/), buceando por https://nireaitaren.wordpress.com/.
Me ha parecido que estaba muy bien escrito, muy bien estructurado y que además tenía especial importancia por tratar temas de los que tratamos aquí, pero desde el punto de vista de una mujer.

 

EL “SISTEMA” CONTRA LA MUJER

¡Las mujeres!

Si se logra engañar y degradar a las mujeres, se ha logrado destrozar a la sociedad en lo más profundo. Se ha logrado que esta pierda principalísimas armas de resistencia y quede a merced de lo que quieren que sea, aquellos que buscan esclavizarla a sus propias ideas destructoras.

Es aterrador como se está avanzando en estas dos consignas: Engañar a muchas (no es posible a todas) y degradar a la totalidad, a las engañadas y a las no engañadas, en la imagen que de ellas presentan y consiguen imponer como única a todos, a hombres y a mujeres.

Por un lado el engaño:

Con toda clase de propaganda sistemática, abrumadora, generalizada a todas las cosas y en todos los medios, se intenta conseguir que las mujeres deseen dejar de serlo, se avergüencen de sus características genéticas y psicológicas, de los fines para los que más significativamente les ha dotado su propia naturaleza de mujeres y con cuya renuncia dejan a la sociedad humana indefensa cultural y emocionalmente.

Se intenta que se avergüencen de todo aquello que las distingue y las hace en muchas cosas mejores e insustituibles y que deseen por todos los medios y con todos los discursos, ser lo que no son ni deberían desear ser: Hombres.

Se les está manipulando desde todos los frentes para que dejen de sentir que ser madres y dedicarse a sus hijos, formándoles, trasmitiéndoles los mejores valores de ellas mismas, es su más completa realización y servicio a la comunidad y a la sociedad de todos, de hombres y mujeres y la única garantía de supervivencia de la indiosincrasia, carácter y cultura de los pueblos.

Se les intenta convencer – y se está consiguiendo convencerlas, violando su naturaleza – que los hijos son un “episodio” en su vida, “episodio” del que hay que librarse lo más pronto posible a base de colocarlos al cuidado de “profesionales” desde los primeros meses para dedicarse por entero a aquello que las “realiza”: Horas y más horas en fábricas detrás de máquinas, horas y horas tecleando ordenadores para el provecho de sus jefes, largas jornadas detrás de ventanillas contestando siempre lo mismo o recibiendo quejas de aquello de lo que no tienen la culpa. Conduciendo taxis, camiones y tranvías, enfrentándose a malhechores, como policías… y un larguísimo etc., que es por lo visto, lo que las realiza. Lo que les han dicho que las realiza. Antes, las mujeres trabajaban también y salvo los casos muy minoritarios de profesionales por auténtica vocación en todos los campos – artistas, escritoras, políticas, científicas, en los que han destacado y destacan con su talento y entusiasmo, sirviendo brillantemente a la sociedad – trabajaban porque lo necesitaban para vivir o para completar una economía doméstica demasiado débil. Ahora, el principal motivo que les mueve – incluso en los trabajos más rutinarios y embrutecedores – es que así se “realizan”. Y si no lo hacen, si deciden tener más hijos y cuidarlos ellos, se les considera “parásitos sociales”, “retrógradas”, “inútiles”. En efecto, las que esto deciden, están entorpeciendo escandalosamente el trabajo del “Sistema”, están poniendo en peligro la consecución de sus fines.

Ser madre se permite, se tolera, siempre que sea un “episodio añadido”, nunca el centro de la vida y la realización por excelencia. Nunca una “misión” de “elegidas”, para la que sí se debería educar a aquellas mujeres que deciden y pueden ser madres, para que potencien todas sus capacidades al máximo en esta misión insustituible. Y deberían ser ayudadas económicamente desde el Estado para que pudieran permanecer en ese puesto puntero para la sociedad, todo el tiempo que el cuidado de sus hijos pequeños requiriera.

Pero no solo ser madre hoy en día es algo vulgar y episódico (según la propaganda). También es vulgar (y hasta cierto punto vergonzoso) ser mujer, comportarse como tal, en todo lo que implique diferenciación con el hombre. Excepto ¡Claro está! en atributos sexuales, para cuyo aumento y belleza se recurre a todos los medios.

No sabíamos antes que los hombres fueran tan maravillosos que tuviéramos que copiarles en todo lo posible, ni que nosotras fuéramos tan tontas e insignificantes que debiéramos avergonzarnos de todo aquello que nos hacía distintas (en muchos casos mejores) y desde luego insustituibles. Ahora, en realidad, ya no hacemos falta. Tenemos que tratar de ser lo más parecidas a los hombres, para que la sociedad no nos expulse por habernos quedado atrás en la “evolución de las especies”

Por otro lado la degradación:

Es para lo único que el Sistema quiere que las mujeres sigan siendo entes distintos a los hombres. Para cargar sobre el concepto “mujer” y “su defensa y derechos”, abominaciones de las que en absoluto es ella la única, ni siquiera la principal culpable, pero que, exibiéndola como única parte interesada, atrae sobre sí toda la antipatía y desprecio de las personas de mente medianamente sana. Están hundiendo la imagen de la mujer. La están haciendo despreciable.

La degradación más repugnante y significativa de la mujer (aunque no la única), es la que estamos viendo con asombro e indignación en estas últimas campañas pro aborto. Energúmenos femeninos invaden las calles y vocean en los parlamentos y asambleas asegurando sin lugar a dudas que cualquier obstáculo al aborto libre es un tremendo ataque a “las mujeres”, a su libertad, a sus derechos… ¡El aborto es algo exclusivo de las mujeres, un derecho de ellas solas, que ellas solas defienden y deben defender con uñas y dientes contra los “machos” que desean que se cubran de hijos que ellas solas (por lo visto), conciben y ellas solas sacan adelante!.

Todos sabemos que los abortos por violaciones o como consecuencia de infames engaños a jovencitas ingenuas que luego son abandonadas, son la minoría. Una pequeñísima minoría. La gran mayoría de los abortos se practican a mujeres que viven en pareja estable o matrimonio y cuyos “compañeros” están totalmente de acuerdo, cuando no son los principales instigadores del mismo, por comodidad, deseo de que la mujer no deje su trabajo, menores gastos, mejores “tiempos libres” etc. Y desde luego están dispuestos, de mejor o peor gana, a hacerse cargo, como es natural y obligatorio, de” lo que venga”, si ese “obstáculo” no puede eliminarse antes. De común acuerdo acuden al abortorio, después de haber decidido en común  este paso.

Pero la calle, la prensa, ¡incluso el Parlamento! nos obsequia con una imagen repugnante de “féminas” groseras y berreantes, en algunos casos medio en cueros , con los torsos pintarrajeados con expresiones soeces, exigiendo el respeto a que decidan hacer con sus cuerpos “lo que les venga en gana” (algunas veces, muchas, emplean otras palabras más groseras en lugar de “cuerpos”), haciendo que las mujeres, todas las mujeres, caigamos en el desprecio de cualquier persona de buena voluntad y un poco de buen gusto.

El Sistema, con sus cómplices femeninos y masculinos, (estos últimos en la sombra), arrastra la dignidad y la grandeza de la mujer por los suelos ante el silencio cobarde de la gran mayoría.

Mujeres manipuladas, engañadas, degradadas en tantos y tantos campos… ¡Y todo ello en nombre de una libertad que no les dejan y de una igualdad que les rebaja!

Quieren una sociedad en que las mujeres se dividan en esperpentos agresivos y corderos sin voluntad ni opinión propia.

Una sociedad, en una palabra, sin Mujeres.

Y una sociedad sin Mujeres es una sociedad sin familia, sin tradición, sin voluntad de futuro, sin identidades. Una sociedad perfecta para ser globalizada y al fin, esclavizada.

 

 

 

Source: | La Casa de mi Padre en WordPress.com

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