Conviértete o deja de dar la lata

En una ocasión tuve la fortuna de visitar las instalaciones de una secta religiosa. Y digo fortuna porque siempre me puede la curiosidad.

El líder había visto esa curiosidad en mi, más un cierto toque “intelectual”, asi que deció “trabajar” eso:

“En el recinto tenemos una biblioteca que ya la querrían muchas ciudades.”

Joer que si la tenían. Impresionante. El paraíso. Oh, era una biblioteca sectaria, of course, no esperaba yo otra cosa. Pero lo que yo habría dado por leer todos esos libros, sesudísimos seguro, que negaban hasta que las especies biológicas evolucionan. Lo que yo habría dado por leer sus argumentos…

Pero no daba tiempo. Solo pude leer unas docenas de títulos sugerentes, jugosos.

Luego me enseñaron dónde fabricaban diversas cosas que vendían, de artilugios mecánico/electrónicos a artesanía, pasando por licores, vegetales o carne. Impresionante todo ello. Una comuna próspera, sin duda.

Pero ¡ay!. Yo nunca los visité esperando ser convertido.

“El Sol se movió, fue un milagro”, me dijo uno de los miembros de la comuna, que había asistido a una reunión sagrada en no se que monte.

Tuve que contestarle que “el Sol es una bola de hidrógeno de aproximadamente un millón y medio de kilómetros de diámetro, en estado de fusión nuclear. No puede “moverse” así como así. Y aunque fuese la Tierra la que se “movió”, desde vuestra perspectiva, eso tampoco puede ser…” porque blablabla, seguí.

(Nota: se me conoce como la única persona capaz incluso de aburrir a un Testigo de Jehová. Todos mis respetos hacia ellos, que son bien trabajadores y honestos en su mayoría. Y además bueno…es que la testigo que quería convencerme era tan guapa…me encantaba charlar con ella).

El caso es que el líder de la secta del Sol móvil, empezó a impacientarse conmigo.

“¿Te vas a convertir o qué?”

Y tuve que explicarle que no, que yo no quería convertirme, sólo quería entender cómo vivían ellos, sus ideas.

No volvieron a hablarme.

Tampoco es que me sentase mal. Secta o no, con casi todo el mundo me pasa lo mismo al final, así que…

 

Y es por eso que a veces pienso en máquinas. Las máquinas son más fáciles de entender.

Pero sobre todo en submarinos. Me gustan mucho los submarinos. Tiemblo al pensar en qué diría un psiquiatra sobre mi gusto por los submarinos…

Aunque en realidad, me da lo mismo. Tampoco creo en psiquiatras…

 

Una de submarinos…

 

Y luego vendrá ella a recordarme que en los submarinos iba gente. Arg…

Pero en ella, creo un poquito más, no mucho tampoco, no crean. A estas alturas ya…

Y no se si ella cree al menos un poquito en mi. A veces pienso que sí…

 

 

 

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