Ella vende conchas, en la orilla, junto al mar…

Yo digo algo y ella dice:

“Sí, pero te olvidas siempre que…”

Ni caso. Yo sigo…

“Es para admirar, ¿verdad?  Un avión de pasajeros, capaz de moverse como si fuera un avión de combate”

Y yo sigo y sigo…“¡cuánto me gustan las máquinas! Mira este avión inglés. La cosa más veloz en la II Guerra Mundial. Los antiaéreos solo podían verlo pasar, tan veloz era.  ¡Y estaba hecho de madera!”

Y ella me dice, cuando por fin hago una pausa…

” Te olvidas del piloto. Siempre te olvidas del piloto. Dentro de esa carlinga, hay una persona…”

Ag, de nuevo tiene razón. Menos mal que yo siempre tengo razón.

Menos cuando la tiene ella.

 

A los aviadores:

 

Esta entrada fue publicada en Historia, Las máquinas, Me alegro de haberte conocido. Guarda el enlace permanente.

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