Conciencia sin ciencia (remaster)

 

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Richard P. Feynman, nobel de física  1965. Descarado, inquieto, locuaz y fiel al método científico.

 

“Cuando mi limpiabotas invierte en bolsa, yo lo vendo todo”

Atribuyen esta frase a J.D. Rockefeller, pero es posible que no la pronunciase nunca y hasta es posible que el incidente no tuviera lugar.

Aún asi, el consejo es válido. Y no se trata de menospreciar a los limpiabotas ni a nadie. A mi modo de ver, la frase indica que cuando una cosa se ha convertido en moda y la practica una mayoría, es hora de dejar de hacer esa cosa.

Para mí esto es aplicable a la bolsa, a la política, a la religión y casi casi, a todo.

El problema viene del siguiente hecho inevitable: en cuanto una tendencia comienza a alcanzar el éxito, se apuntan a ella todos los advenedizos, en busca de poder, prestigio y/o dinero, desvirtuando así la esencia original de la tendencia y corrompiéndola hasta convertirla en cualquier otro asunto común humano de masas. Inevitable.

No hay nada que ganar cuando una tendencia bienintencionada no tiene el suficiente impulso como para ser dominante. En ese momento, quienes pertenecen a esa tendencia son soñadores, o personas con un corazón más noble o más inocente, personas que valoran la verdad o la justicia o la libertad.

Pero si el movimiento comienza a tener verdadero éxito, los oportunistas comienzan a subirse al carro. No llegan animados por idealismos. Les mueve el deseo de la ganancia personal. Bien desean ser “populares” uniéndose a lo que está “de moda” o bien tienen como objetivo conseguir poder y dinero. Los oportunistas carecen de escrúpulos, saben mentir bien y crecen rápido, desbancando rápidamente a los idealistas originales. Se vestirán los ropajes del idealista, usarán sus palabras e ideas y se arroparán en su credibilidad. Y así, la revolución antisistema se convierte en el sistema mismo, el movimiento antiopresión, en opresión, el “pueblo”, en “la casta”. Inevitable.

Creeréis que estamos hablando de política, pero estrictamente política, no. Hablamos de ciencia.

Durante siglos, la ciencia en occidente tuvo quien la controlase, quién la castigase incluso, si decía alguna verdad inconveniente para el estado o la religión. La ciencia resultaba útil, pero también subversiva, peligrosa, en su búsqueda bienintencionada de la verdad. El estado y la religión deseaban los productos útiles de los avances científicos y técnicos, pero no las consecuencias de librepensamiento que tales avances podían crear en la población.

Una manera de conseguir esto era hacer que la ciencia no fuese popular, que no tuviese mayor interés para el hombre de la calle. Así, los que tuviesen inclinaciones científicas (que siempre los hay) seguirían descubriendo y creando, mientras que el resto seguiría con sus asuntos mundanos, sus dioses y sus problemas. El estado gestionaría los avances según sus intereses y la religión seguiría siendo lo que está “de moda”.

Sin embargo el movimiento científico siguió ganando adeptos, interés, entre la población. Lentamente al principio y aceleradamente tras la Revolución Industrial, la “moda” comenzó a cambiar.

Los que gobiernan, rara vez son estúpidos en lo que concierne a su interés por permanecer en el poder. Están muy atentos a las tendencias. Y cuando una tendencia se hace demasiado fuerte como para poder controlarla mediante la propaganda o la represión…el estado simplemente la hace propia. Se sube al carro también.

Así ocurrió por ejemplo con la mismísima religión Cristiana. Una secta idealista y minoritaria al principio, fue ganando adeptos hasta hacerse enorme, momento en el que el emperador Constantino decide legalizarla y ponerla al servicio del estado. Es el viejo “si no puedes con tu enemigo, únete a él”.

A partir de ese momento, se crea el edificio de La Iglesia, al que llegarán a cobijarse los ambiciosos, los corruptos, los avariciosos. La Iglesia, será constituida en gran parte por aquellos que en su corazón albergaban todos los pecados capitales que el movimiento original deseaba evitar. El movimiento Cristiano, antes plato principal de los leones en el circo romano, pasa entonces a sentarse en el palco de honor y a decidir quién será devorado en la nueva era.

Lentamente al principio, pero aceleradamente tras la Revolución Digital, la “moda” ha vuelto a cambiar y ahora la nueva “fe”, es La Ciencia.

La Ciencia, corrupta ya en su momento de auge actual, habitada y dirigida ya por los oportunistas de siempre y aupada, como cualquier otra moda, por el hombre común que nada se plantea ni cuestiona salvo cómo estar del lado de “lo que se lleva”, es ahora la nueva Iglesia, con sus dogmas, sus burócratas poderosos y sus peones fanáticos a pie de calle.

Es dogma de fe que se está produciendo un “calentamiento global”. Es dogma de fe que este calentamiento lo causa el hombre y su industria. Es dogma de fe que los vegetales son mejores que la carne. Es dogma de fe que dios no existe…

Pero sobre todo, es dogma de fe que el fumar mata.

Y es dogma de fe porque quien no acepta estos “hechos”, debe ser perseguido, ridiculizado, sus carreras profesionales destruidas, sus voces silenciadas.

Exactamente igual que hacía La Iglesia, con la propia ciencia.

Veo hoy en dia a personas que jamás tuvieron inclinación o cultura científica alguna, citando a grandes hombres de ciencia, sin comprender sus palabras, manifestando su odio hacia la religión o el petróleo o la carne o el tabaco, de forma intolerante, repitiendo como auténticos fanáticos dogma tras dogma “científico” que nunca ha sido probado de forma científica, con la verdadera ciencia en la mano.

Y es por ello que al ver al limpiabotas (o al filologo o al tendero o al dentista y al político, qué más da) esgrimir lo que ellos llaman “ciencia” como quien esgrime un fanatismo cualquiera, vulgar y corriente, peligroso e inmoral, que he decidido vender todas mis acciones de “ciencia” moderna.

Lo que se lleva hoy en día, no es ciencia. Es “cargo cult science”. Es religión, fe, disfrazadas de ciencia. Algo de lo que nos advirtió ya en los 80 un gran hombre de ciencia, un hombre con verdadero respeto por la verdad, la imparcialidad y la pureza del método científico: Richard P. Feynman.

Resulta trágico que sus palabras, sean utilizadas hoy en día para justificar el fanatismo pseudocientífico.

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