Intolerancia antitabaco (remasterizado)

 

La Humanidad no se puede entender sin el odio. No es posible vencer al enemigo si no se le odia. Y siempre habrá un enemigo…

El problema, al menos para los humanos,  está en saber quién es el que se defiende y quién el agresor. ¿Quién empezó?

Y eso es tan relativo, a veces…

El odio es una herramienta presente en nuestros genes y en los de toda especie viva que quiere seguir viva. Básicamente viene a decir algo así como “protege a los tuyos, desconfía de los que no son como tu y si hace falta, mátalos”

No tiene un tigre, un oso, un lobo,  mayor problema en saber odiar a su competidor y/o predador. Ni lo tiene un elefante o un gorila o un ciervo, aún hervívoros. Un animal mata porque se defiende, porque necesita comer, porque está cabreado o frustrado, o porque le da la gana y puede. Los seres humanos no son hermanitas de la caridad tampoco.

Sí, hay actos de altruismo en los animales y en los humanos. Pero son excepciones.

El planeta Tierra esta poblado, exclusivamente, por los seres más agresivos, duros y acerados, concebibles.  De una bacteria a una jirafa.

Nuevamente, Sir David Attenborough nos pueden contar la historia, con su perfecto acento:

 

 

 

 

 

 

Ya, me diréis “¿sí, pero qué pasa con los perros o los gatitos? Ellos te quieren y no odian…”

Pero nada de eso es real. Son animales tan artificiales como una lavadora o una nevera. No son reales. En general matamos a las mascotas “agresivas” y solo reproducimos a las que nos quieren. Así que olvidemos a las mascotas. Esos maravillosos animales no pueden escoger, han sido criados para amarnos (por supuesto no todos salen “bien”).

Y dejémos a todos los animales, salvajes o no, de lado. Total, en comparación, son seres limitados cerebralmente. Nunca entenderán cómo se juega al ajedrez. O un binomio de Newton. No entenderán ni un mísero simbolo de una ley de la Física.

Centrémonos en nosotros. ¿Por qué odiamos?

Odiamos por la misma razón que esos animales. Supervivencia. Pero a diferencia de ellos, podemos odiar no por territorios, no por hembras, no por recursos.

Nosotros podemos odiar tan solo por ideas. Un “privilegio” exclusivo de nuesta superioridad intelectual. Nuestro cerebro es tan increíblemente potente en comparación con el del siguiente ser más parecido a nosotros (chimpancés, gorilas) que se puede decir que la soledad que a veces sentimos como individuos, es tan solo un reflejo de la enorme soledad del ser humano en general.

Somos una criatura solitaria en un mundo lleno de millones de otras criaturas que no nos podrían entender.

En nuestra soledad inmensa, tendemos a mirarnos el ombligo. Tendemos a centrarnos solo en lo que hacen otros seres humanos. Derrotados ya todos los enemigos predadores que la Humanidad tuvo, hace siglos, nos centramos en la única otra criatura que puede suponer un peligro considerable: nosotros mismos.

Y esa es la bandera que enarbola el energúmeno antitabaco intolerante. Ese que no quiere que se fume ni en un solo local: “el que fuma tabaco, hace daño a los demás. Tengo que defenderme, defender a mis hijos, a las personas que quiero, al mundo entero. El que fuma es mi enemigo agresor. Tengo que acabar con él.”

Pero el antitabaco miente. O ha sido engañado. Nosotros, los que fumamos tabaco, no somos amenaza alguna.

Pero él, cree que sí. Y así comienza el odio.

Es un odio no basado en el instinto, sino en la mentira. El ser humano es programable, flexible. Puede creer en cualquier cosa y luego usar sus instintos naturales para justificarla. Que se lo pregunten a los terroristas suicidas.

Qué remedio le queda a quien fuma tabaco que desarrollar su instinto de supervivencia también. 

Escoge tu bando, pero ellos, los antitabaco, empezaron.

Y si no los odias, a esos que te dicen que no se debe permitir fumar en ni uno solo de los locales de hostelería de tu país, perderás. Si no odias al que te dice que “apestas”, que eres un “asesino” que mata a todo el que le rodea al fumar, que eres un “adicto” y todas esas cosas horribles que los más intolerantes antitabaco te dicen…si no le odias, perderás.

Perderás si tiendes la mano al extremista antitabaco. Perderás si buscas el diálogo, si pides disculpas. Perderás.

Esto lo sabe cualquier lobo, tigre, ciervo, león o lagartija.

Lucha, defiéndete, enseña los dientes. Estás vivo y tienes derecho a existir.

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