El Principito

 

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“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.”

 

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

 

El avión de Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, se perdió en algún lugar del Mediterráneo en julio de 1944, en una misión de reconocimiento durante la II Guerra Mundial.

¿Cayó al mar, desorientado? ¿Fue derribado por fuego enemigo? ¿Aterrizó en el desierto?

Como en una premonición…

CAPÍTULO II

Viví entonces solo, sin nadie con quien hablar en serio, hasta que sufrí una avería en el desierto del Sahara hace seis años. Algo se había roto en mi motor. Y como no tenía conmigo ni mecánico ni pasajeros, me dispuse a intentar lograr yo solo una reparación difícil. Era para mí una cuestión de vida o muerte. Apenas tenía agua para beber ocho días.

La primer noche me dormí entonces sobre la arena, a mil millas de cualquier lugar habitado. Estaba realmente más aislado que un náufrago sobre una balsa en medio del océano. Se imaginan entonces mi sorpresa, al amanecer, cuando una extraña vocecita me despertó. Decía:

– Por favor… dibújame un cordero !

– Eh!

– Dibújame un cordero…

Y fue así como conocí al principito.

– Lo que es importante, no se puede ver…

– Desde luego…

– Es como con la flor. Si amas a una flor que está en una estrella, es placentero mirar el cielo por la noche. Todas las estrellas están floridas.

– Desde luego…

– Es como con el agua. La que me diste a beber era como una música, a causa de la polea y de la cuerda… recuerdas… era deliciosa.

– Desde luego…

– Por la noche mirarás las estrellas. La mía es demasiado pequeña para que te muestre dónde se encuentra. Es mejor así. Mi estrella será para ti una de las tantas estrellas. Entonces, te gustará mirar a todas las estrellas. Todas serán tus amigas. Y además voy a hacerte un regalo…

Volvió a reír.

– Ah! hombrecito, hombrecito, me gusta escuchar esa risa !

– Justamente ése será mi regalo… será como con el agua…

– Qué quieres decir ?

– La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para quienes viajan, las estrellas son guías. Para otros no son más que pequeñas luces. Para otros que son sabios, ellas son problemas. Para mi hombre de negocios significaban oro. Pero todas esas estrellas son mudas. Tú tendrás estrellas como no tiene nadie…

– Qué quieres decir ?

– Cuando mires el cielo por la noche, dado que yo estaré en una de ellas, dado que yo reiré en una de ellas, entonces será para ti como si rieran todas las estrellas. Tú tendrás estrellas que saben reír !

Y volvió a reír.

– Y cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás ganas de reír conmigo. Y abrirás de vez en cuando tu ventana, así, por placer… Y tus amigos se sorprenderán de verte reír al mirar el cielo. Entonces les dirás: “Sí, las estrellas siempre me hacen reír !” Y ellos te creerán loco. Te habré jugado una muy mala pasada…

Y volvió a reír.

– Será como si te hubiese dado, en vez de estrellas, montones de pequeños cascabeles que saben reír…

Y volvió a reír. Después volvió a ponerse serio:

– Esta noche… sabes… mejor no vengas.

– No te abandonaré.

– Podrá parecer que sufro… podrá parecer que me muero. Es eso. No lo vengas a ver, no vale la pena.

– No te abandonaré.

Pero se lo notaba preocupado.

– Te lo digo… es también por la serpiente, que no debe morderte… Las serpientes son malas, pueden morder por placer.

– No te abandonaré.

Pero algo lo tranquilizó:

– Es cierto que no tienen más veneno para la segunda picadura…

Aquella noche no lo vi marcharse. Se había escapado silenciosamente. Cuando logré alcanzarlo caminaba decidido, con paso rápido. Sólo me dijo:

– Ah! estás aquí…

Y me tomó de la mano. Pero siguió mortificándose:

– Has hecho mal; vas a sufrir. Parecerá que me muero y no será cierto…

Yo no decía nada.

– Tú comprendes. Es demasiado lejos. No puedo llevarme este cuerpo, es demasiado pesado.

Yo no decía nada.

– Pero será como una vieja cáscara abandonada. No tienen nada de triste las cáscaras abandonadas…

Yo no decía nada.

Se desanimó un poco. Pero hizo aún un esfuerzo:

– Será simpático, sabes. Yo también miraré las estrellas. Todas las estrellas serán pozos con una polea oxidada. Todas las estrellas me darán de beber…

Yo no decía nada.

– Será tan divertido ! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles, yo tendré quinientos millones de fuentes…

Y se calló también, porque estaba llorando…

– Es ahí. Déjame que dé un paso yo solo.

Y se sentó porque tenía miedo.

Agregó:

– Tú sabes… mi flor… soy responsable de ella ! Y es tan débil ! Y es tan ingenua. Tiene cuatro espinas insignificantes para protegerse del mundo…

Yo me senté porque ya no podía mantenerme parado. Dijo:

– Bueno… es todo…

Vaciló todavía un poco, luego se levantó. Dio un paso. Yo no podía moverme.

No hubo más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Permaneció un instante inmóvil. No gritó. Cayó suavemente como cae un árbol. Ni siquiera hizo ruido, a causa de la arena.

El avión más buscado de la Historia, nunca ha sido encontrado. Su piloto fue a reunirse con el principito.

 

 

 

 

 

Esta entrada fue publicada en Famosos, Historia, Las máquinas, Me alegro de haberte conocido. Guarda el enlace permanente.

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