La noche no es para mí

Uno de nuestros lectores, Aeneas, nos dejaba ayer un enlace a un artículo de anteayer, sobre los cambios en las costumbres de ocio.

El Economista – El tirón del ocio diurno provoca el cierre de miles de bares de copas

Contrariamente a lo que suele ser habitual en los medios al hablar de la hostelería y sus problemas, en esta ocasión el artículo sí menciona la ley “antitabaco” y su poder destructivo. Algo es algo. También hay un comentario a la noticia, contra dicha ley. Lo he votado positivamente e intentado publicar otro, pero no me ha dejado la página, no se porqué.

La verdad es que yo no hubiera titulado el artículo de esa forma. No me parece que el “tirón del ocio diurno” sea el que provoca el cierre de miles de bares de copas. En primer lugar porque yo no veo tal tirón por ningún lado, si nos atenemos a las cifras de locales cerrados desde la ley.

Dice el artículo que

…el tirón del ocio diurno ha conseguido que en España se vuelvan a abrir bares, un 3,6% más en 2015 que un año antes, y con una previsión de crecimiento de en torno al 1,5% para este año.

Lo cual, a mi modo de ver, es dar un barniz positivo a algo profundamente negativo. Es obvio que la hostelería no puede estar cayendo eternamente, pero contar solo las ganancias porcentuales parciales y no las pérdidas absolutas totales, no es manera de contar el cuento.

Un ejemplo sencillo: Si en el 2010 tenías 1 millón de euros pero en los años siguientes hasta el 2014 pierdes 999.999 euros, poco positivo hay en que en 2015 logres ganar por fin 1 euro que sumar al que te quedaba. Cierto, ahora tienes 2 euros, un “enorme” crecimiento del 100% con respecto al 2014. Pero la realidad es que a 2015 tienes 2 euros y en 2010 tenías 1.ooo.ooo.

En mi ciudad todos y digo absolutamente todos los locales icónicos, con décadas de tradición, los de toda la vida, han cerrado. Todos. Y todos desde la imposición de la ley del tabaco. Y eso que algunos eran macrolocales faraónicos con la tecnología más puntera de todas las puntas de cada momento y fabulosos presupuestos ( y ganancias).

De las tres grandes discotecas, no queda ninguna. Una fue derribada y ahora es un edificio de apartamentos.

Otra, la más enorme, permanece en pie, pero cerrada y descomponiéndose lentamente, como un monumento de una civilización que fue más próspera más feliz y más libre, ya desaparecida.

La tercera es ahora un McDonald’s. Y con gimnasio incorporado. No puedo imaginar mejor representación de la estupidez que nos invade que un McDonald’s con gimnasio.

¿Fue el ocio diurno lo que destruyó la noche? No me lo parece.

En el caso de las discotecas, todas estaban a las afueras. Las continuas bajadas en los límites de alcoholemia permitidos y los continuos controles, mermaron considerablemente su negocio (y el de los restaurantes y otros pubs, únicos y maravillos, a las afueras). Había transporte público, pero no hasta altas horas. Dándose cuenta del problema, el Ayuntamiento dedicó una línea de autobuses nocturnos que hacían la ronda toda la madrugada, El Búho. 

Pero no funcionó. Un bus comunal, simplemente no podía competir con la libertad del coche o la moto, con los amigos o la novia, en la madrugada. Simplemente, no es lo mismo. Y así comenzaron a morir todos esos locales especiales a las afueras, cada uno con su sabor y ambiente, mientras comenzaba el crecimiento de los locales asépticos y clónicos de las franquicias dentro de la ciudad.

Al llegar la ley del tabaco, la noche se desmoronó del todo. ¿Ni beber ni fumar? Iros a tomar por el culo, debieron pensar muchos. Y el destrozo se consumó.

La noche son ahora tres franquicias con nombres anglo. Pocos locales, pocos empleados, muchas horas, sueldos horribles. Y por supuesto, cero empresarios locales.

Y del día podría hablaros también, pero quizás mejor en otra ocasión, porque recordar como murieron los locales que tanto me gustaban y que me dieron momentos inolvidables, me esta deprimiendo.

Cuántas veces me viene a la cabeza últimamente aquella frase de un comentario de Aeneas:

SALIR SE HA CONVERTIDO EN UNA PUTA MIERDA

Y es que no hay otra manera de decirlo.

Saquemos la nostalgia (o el cabreo, no se) a pasear, recordando una cancioncilla pegadiza, de tiempos más felices y riámos ante la profecía.

 

 

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Una respuesta a La noche no es para mí

  1. A mi tambien me ha parecido una meméz lo de que el “ocio diurno” sea el culpable del desastre del “ocio nocturno”. Primero porque yo tampoco veo ningún incremento en el “ocio diurno”, lo que por otra parte es lógico, dado que de día la gente trabaja y no puede estarse las horas de copas. Excepto los parados y esos (en teoría) no deberían tener dinero para pasarse el tiempo de juerga, con lo caro que está todo.
    En mi ciudad (del norte frio y lluvioso también), la gente hace el ocio nocturno (diurno no hay apenas), a base de sacarse las bebidas a la calle, haga frio o llueva, y tomarlas de pie. ¡Chicarrones del norte ellos!. Eso si, los vecinos protestan del ruido y las voces hasta altas horas de la madrugada (en fin de semana, entre semana todo está muerto). Ahora nuestro magnífico ayuntamiento quiere que nadie pueda sacar las bebidas a la calle si no hay mesas. Pronto acabará también el “ocio nocturno”.
    Sigo sin entender la pasividad de la hostelería y ocio ante este desastre. Algo habrá que no sabemos.

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