“¡Que Dios te maldiga, Lezo!”

Hablábamos en una entrada anterior de un héroe denostado y olvidado, en su vida como militar. Don Miguel de Cervantes.

No es el único de los héroes de la Historia de España que ha sido olvidado, enterrado, menospreciado o deformado hasta hacerlo irreconocible por las reformas “educativas” o las leyes de “memoria histórica”.

Tampoco vamos a adentrarnos en la vida de Blas de Lezo, el Mediohombre, ni su papel en la decisiva Batalla de Cartagena de Indias.

Bastará decir que sin él, o lo que quedaba de él, las Américas no hablarían español. Y que sí, tiene que ser duro ser derrotado espectacularmente por un hombre manco, cojo, tuerto y al mando de fuerzas decenas de veces inferiores, sobre todo cuando ya habías vendido la piel del oso antes de cazarlo.

Pero en realidad, la parte importante de esta entrada son los héroes. Y la esperanza.

La vida suele presentarnos,  a todos, dolorosos acontecimientos, injusticias varias y momentos de tristeza incontenible.

La religión, los héroes y las leyendas siempre han estado ahí para inspirarnos. Para darnos ese empuje, ese trozo de coraje necesario cuando nos fallan las fuerzas. Para darnos esperanza.

En una España que reniega de la historia de sus héroes, que reniega de su dios tradicional y los sustituye por cabalgatas de “reyas magas” con escote y ligueros,  por “orgullos gays”  o por condenas a la Cristiandad que expulsó a los musulmanes de su territorio, poca esperanza puede concebirse. Una España que ve con malos ojos a sus militares o a sus religiosos y oculta las acciones de heroísmo que incluso hoy en día realizan, está condenada.

Y no soy yo ni militar, ni tan siquiera creyente.

Pero…

Llega un momento en que uno despierta del mal sueño “progresista”, del diktat  del Nuevo Orden Mundial, de la pesadilla de lo “Políticamente Correcto”.

A mí me tocó con la ley “antitabaco”.

Puedo darme cuenta ahora, perfectamente, por fin, de quienes son los nuevos perseguidos, los nuevos objetivos de la intolerancia.

Sí, claro que los que fumamos tabaco.

Pero además y más fundamentalmente: los católicos, los militares, la familia, el honor, la honestidad, la valentía y la libertad.

Precisamente todo aquello, por lo que dieron su vida los grandes héroes del país.

Necesitamos héroes en los que creer. Y necesitamos a nuestra religión.

 

 

 

 

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